Archivos Mensuales: enero 2012

Comprar, timar, comprar

¿Cómo va el nuevo año? Espero que bien. Los reyes me han traído un enlace a youtube con el documental Comprar, tirar, comprar y he decidido plasmar por aquí mi opinión sobre el tema, que seguro que os interesa mucho. Recordar, ya de paso, que a partir de la semana que viene comienzo con las actualizaciones habituales del blog con nuevos screencast, que parece haber gustado.

Antes de declararme a favor o en contra de la obsolescencia programada debemos saber bien de qué estamos hablando. Es difícil no dejarse llevar por un documental tendencioso, que se posiciona en el lado del espectador contando verdades a medias, sin explicar otras partes o dar posibles soluciones. Vamos, que si me dicen que el documental lo ha dirigido Michael Moore, me lo creo.

Hay que diferenciar la obsolescencia de la estafa. No es lo mismo que un producto se fabrique para una vida relativamente corta (utilizando componentes más baratos, por ejemplo) a que se le coloque un chip para que deje de funcionar en una determinada fecha. Siendo así, no estaríamos hablando de obsolescencia programada sino de una evolución del timo de la estampita. Pero el chip no es el mal, es el uso que se hace de él. Las impresoras suelen tener un sistema de recogida de tinta residual durante la impresión. El chip en cuestión cuenta las paginas impresas para que el sistema de recogida no se llene, evitando que rebose la tinta fuera de la impresora. Por tanto, habría que realizar un estudio sobre el uso que hacen las compañías del chip antes de generalizar, como en el documental.

Lógicamente no estoy a favor de la estafa, pero sí de la obsolescencia programada. Como diseñador no me queda otra. Todo es publicidad y consumo. Vivimos para trabajar y trabajamos para consumir, si no consumimos el mercado no se mueve y la economía se para. No hay trabajo, y si no hay trabajo no hay dinero. Ni vida.

Como consumidor he pasado por distintas fases. Si me preguntan hace unos años, probablemente diría que un producto debería durar toda la vida. De hecho, siempre he sido muy cuidadoso con todo lo que he comprado, llegando al extremo de no usar algo demasiado para no estropearlo. Pero, con los años, uno debe asimilar que la mayoría de las cosas son de usar y tirar, que trabajamos más para consumir lo que no nos hace falta. Con esto no digo que me compre una televisión y empiece a darle patadas hasta cargármela. Digo que, parte de la obsolescencia programada la creamos nosotros y nuestras necesidades como clientes. La tele, por muy grande que sea, a los dos días ya se te hace pequeña en el salón de tu casa. Te conformas varios años con ella hasta que decides romper la relación para cambiar por una mejor, más joven y delgada. Y ahora no puedes vivir sin HD y el 3D se te hace imprescindible, casi un bien primario.

Aquí es donde entra la relación del que vende con el que quiere comprar, ambos responsables de dicha obsolescencia, conscientes de su culpabilidad en la sociedad y la economía que impera en la actualidad. Habrá otros sistemas, formas de vivir no tan ligadas al capitalismo, que genere menos residuos o con materiales reutilizables. Pero nada es para siempre, no queremos teles de tubo, ni móviles que sólo sirvan para llamar, ni bombillas que duren cien años.

Si los productos son efímeros es porque, en el fondo, queremos que así sean.

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