Comprar, timar, comprar
¿Cómo va el nuevo año? Espero que bien. Los reyes me han traído un enlace a youtube con el documental Comprar, tirar, comprar y he decidido plasmar por aquí mi opinión sobre el tema, que seguro que os interesa mucho. Recordar, ya de paso, que a partir de la semana que viene comienzo con las actualizaciones habituales del blog con nuevos screencast, que parece haber gustado.

Antes de declararme a favor o en contra de la obsolescencia programada debemos saber bien de qué estamos hablando. Es difícil no dejarse llevar por un documental tendencioso, que se posiciona en el lado del espectador contando verdades a medias, sin explicar otras partes o dar posibles soluciones. Vamos, que si me dicen que el documental lo ha dirigido Michael Moore, me lo creo.
Hay que diferenciar la obsolescencia de la estafa. No es lo mismo que un producto se fabrique para una vida relativamente corta (utilizando componentes más baratos, por ejemplo) a que se le coloque un chip para que deje de funcionar en una determinada fecha. Siendo así, no estaríamos hablando de obsolescencia programada sino de una evolución del timo de la estampita. Pero el chip no es el mal, es el uso que se hace de él. Las impresoras suelen tener un sistema de recogida de tinta residual durante la impresión. El chip en cuestión cuenta las paginas impresas para que el sistema de recogida no se llene, evitando que rebose la tinta fuera de la impresora. Por tanto, habría que realizar un estudio sobre el uso que hacen las compañías del chip antes de generalizar, como en el documental.
Lógicamente no estoy a favor de la estafa, pero sí de la obsolescencia programada. Como diseñador no me queda otra. Todo es publicidad y consumo. Vivimos para trabajar y trabajamos para consumir, si no consumimos el mercado no se mueve y la economía se para. No hay trabajo, y si no hay trabajo no hay dinero. Ni vida.
Como consumidor he pasado por distintas fases. Si me preguntan hace unos años, probablemente diría que un producto debería durar toda la vida. De hecho, siempre he sido muy cuidadoso con todo lo que he comprado, llegando al extremo de no usar algo demasiado para no estropearlo. Pero, con los años, uno debe asimilar que la mayoría de las cosas son de usar y tirar, que trabajamos más para consumir lo que no nos hace falta. Con esto no digo que me compre una televisión y empiece a darle patadas hasta cargármela. Digo que, parte de la obsolescencia programada la creamos nosotros y nuestras necesidades como clientes. La tele, por muy grande que sea, a los dos días ya se te hace pequeña en el salón de tu casa. Te conformas varios años con ella hasta que decides romper la relación para cambiar por una mejor, más joven y delgada. Y ahora no puedes vivir sin HD y el 3D se te hace imprescindible, casi un bien primario.
Aquí es donde entra la relación del que vende con el que quiere comprar, ambos responsables de dicha obsolescencia, conscientes de su culpabilidad en la sociedad y la economía que impera en la actualidad. Habrá otros sistemas, formas de vivir no tan ligadas al capitalismo, que genere menos residuos o con materiales reutilizables. Pero nada es para siempre, no queremos teles de tubo, ni móviles que sólo sirvan para llamar, ni bombillas que duren cien años.
Si los productos son efímeros es porque, en el fondo, queremos que así sean.
La hora de Ottmar Mergenthaler
La vida da muchas vueltas, tantas como las manecillas de un reloj. Y si no que se lo pregunten al alemán Ottmar Mergenthaler (Hachtel, 1854 – Baltimore, 1899), que pasó de relojero a inventor de una máquina que mecanizaba el proceso de composición de un texto para ser impreso. Y es que Mergenthaler ejerció de aprendiz de relojero mientras asistía a clases nocturnas de ingeniería. Cuando cumple 18 años viaja a los Estados Unidos y entra a trabajar en Baltimore en el taller de impresión de un familiar. Ya en el mundo de la impresión intentó fabricar, sin demasiada fortuna, tipos de papel maché. Pero no fue hasta 1886 cuando logró su gran éxito con el invento de la linotipia, que cumple este mismo año su 125 aniversario.
Su invento conocido como linotipia (o linotipo) es una máquina cuyo labor consiste en reemplazar el sistema de composición mediante regleta y componedor que, anteriormente, se hacía de modo manual. En 1886, Mergenthaler mostró el primer prototipo de la máquina en el New York Tribune de Nueva York. Frente a impresores y periodistas la máquina de fundición se puso por primera vez en funcionamiento, realizando sus primeras lineas. Y es que Linotype aceleraba, en esta demostración, la producción de la tipografía en imprenta causando, así, la mayor revolución en la impresión y la comunicación desde Gutenberg y su composición manual.
La linotipia destacó por la facilidad de su uso. El operario se situaba frente a un teclado muy parecido a nuestro teclado de ordenador. Pulsando cada tecla hacía bajar un molde de la letra pulsada desde un depósito en lo alto de la máquina, así hasta completar una línea entera con las diferentes letras. Una vez completada la línea, unos ganchos ajustan las matrices para justificar el margen según el tamaño de la columna. La línea sirve de molde para el plomo fundido que entra y se endurece rápidamente y el resultado es un lingote que constituye una línea de caracteres de imprenta. Así hasta completar una composición entera. Una vez que las matrices habían servido de molde, se recogían y se trasladaban de nuevo a la parte superior, de donde habían salido, distribuyéndose automáticamente en los cajetines correspondientes, quedando, así, dispuestas una vez más para descender al pulsar sobre el teclado. De este modo, se iban componiendo las líneas de caracteres con el metal fundido, hasta que el original quedaba acabado.
Si analizamos el teclado, vemos que consta de 90 teclas: caja baja a la izquierda, versales a la derecha, y cifras, letras, caracteres acentuados, blancos y signos de puntuación en el centro.
Una vez compuestas las líneas, se encajaban en la pletina, un rectángulo de metal con las mismas medidas que la página del periódico. Las líneas, tras ser utilizadas, se derretían y se volvían a utilizar. A la hora de imprimir, la linotipia usa una prensa donde se coloca sobre una cama horizontal y el papel pasa sobre ella, montado en un cilindro. Al retroceder el cilindro levanta mecánicamente la hoja impresa y los rodillos vuelven a entintar la forma, lista para la siguiente hoja.
La linotipia, en sus principios, fue capaz de componer entre 9.000 y 11.000 letras por hora. A partir de 1932 se consiguió la cifra de 30.000 letras por hora, frente a las 350 letras por hora de la composición manual inventada por Gutenberg. Pero no todo eran ventajas, uno de los mayores handicaps de la linotipia era que si se cometían errores se tenía que deshacer la línea completa. Además, no se podía reducir el espacio entre letras, necesitaban crear caracteres que llevaran letras enlazadas. Otro detalle importante era que si el linotipista estaba expuesto durante mucho tiempo a los componentes químicos, corría el riego de ser intoxicado por los gases que desprendía. Un buen método para la crisis, que los trabajadores mueran jóvenes y así hay más empleo para todos. A ver si aprendemos.
El mayor inconveniente vino un año después de su invención, con la salida de la monotipia, de Tolbert Lanston. Esta máquina componía los tipos uno a uno. Las ventajas con respecto a la linotipia eran evidentes: Los errores se podían corregir más fácilmente, así cómo combinar diversos tipos de fuentes y tamaños. Pero no fueron rivales, ya que la monotipia fue el sistema preferido para hacer libros y la linotipia se centró en periódicos y publicaciones de mayor tirada.
Concluyendo, la linotipia supuso un grandísimo avance, ya que permitía componer nuevos caracteres a partir de matrices ya compuestas. El invento de Ottmar Mergenthaler permitió que se pudiera configurar de una forma fácil y rápida las líneas completas de texto para la impresión. Eso supuso un gran avance en la comunicación escrita y la difusión de prensa periódica, ya que hasta entonces ningún periódico en el mundo había podido sacar impresas más de ocho páginas. Siendo la linotipia un invento, por su transcendencia, más importante que la imprenta de Gutenberg.
La linotipia aceleró la propagación de la información a una gran velocidad para la época. Antes, las noticias y la información se movía lentamente con los tipos móviles y la composición manual (tipo a tipo). Ahora, las noticias se creaban en cuestión de horas tras el evento. Debido a la velocidad y los bajos costes de impresión, la alfabetización aumentó considerablemente, siendo un gran avance tanto social como cultural.
Debido a su 125 aniversario, se está realizando una película sobre la linotipia de la que os dejo el tráiler en el que muestra algo de su funcionamiento. Tenéis otros ejemplos pinchando aquí y aquí. Espero que os haya gustado el último post del año. En Enero más y peor.
Fuentes: Graffica, Educastur, Wikipedia, Blog Artes Visuales
Adrian Frutiger, un tipo peculiar

Este señor tan entrañable que vemos en la fotografía es Adrian Frutiger, uno de los tipógrafos más influyentes y predominantes de la historia. Nació en Suiza hace 83 años y ha dedicado toda su vida al maravilloso arte de crear tipografías. Entre las más conocidas se encuentran la Univers y Frutiger, creadas a mediados del siglo XX. El caso de la familia tipográfica que lleva su apellido es muy curioso, ya que la primera Frutiger fue creada a partir del encargo que se trataba de diseñar el proyecto de señalización del aeropuerto Charles de Gaulle en París. En un principio fue pensada como tipografía de palo seco (sin remate) aunque, años más tarde, se fue ampliando y actualmente consta también de una Frutiger serif y otros modelos ornamentales de Frutiger.
Frutiger fue a París en 1952 y trabajó como diseñador de tipo de letras en la fundición Deberny & Peignot. Sus primeras creaciones de tipo de letras fueron Phoebus, Ondine y Meridien. A través de las conexiones de la fundición con Lumitype, Frutiger creó algunos de los tipos de letras earliest para fotocomposición. En 1961 abandonaría la fundición para crear, junto a Bruno Pfäffli y André Gürtler, su propio estudio en París. Desde entonces ha creado multitud de fuentes entre las que podemos destacar Didot, Glypha o la Egyptienne.
Pero el caso de Univers es el más particular. Durante la década que estuvo trabajando para la fundición, creó un sistema de clasificación que engloba todas las variaciones que puede llegar a tener un tipo de letra. Este sistema, introducido en el año 1957 para fotocomposición y composición en metal, consiste en definir la letra con números de dos cifras. Las decenas corresponden al grosor de las astas y las unidades a la forma de la letra. Los números pares corresponden a las letras romanas y los impares a las cursivas. La tabla va del 30 a más de 90. Por ejemplo, 45 representa una serie fina y romana, 46 una serie fina y cursiva, 75 una serie negrita y romana y 76 una serie negrita y cursiva. Con este método, que sentó un precedente, terminó la confusión terminológica de fina, extrafina, regular, negras y seminegras. Convirtiéndose, así, en un estándar internacional.
Es muy comentada la rivalidad entre Univers y la popular Helvética, creada por Max Miedinger. Tras leer algunos debates intensos sobre cuál es mejor, he llegado a varias conclusiones. La primera es que son tipografías diferentes y cada una es mejor dependiendo para qué se utilice. Y en segundo lugar, la mayor diferencia entre ambas tipográfias no son los rasgos de éstas si no el espacio entre ellas. El interletraje de Univers es casi el doble que el de Helvética. El porqué lo explicaba el propio Frutiger en una reciente entrevista, con la que finalizo de una forma insuperable mi entrada de hoy.
“La tipografía debe ser tan hermosa como un bosque, no como la jungla de hormigón de los bloques de pisos… Tiene que haber distancia entre los árboles, espacio para respirar y permitir que surja la vida” – Adrian Frutiger
Fuentes: Unos tipos duros, Lynotipe, Wikipedia
Podcast 1×02: Screencast
Vuelvo con el segundo podcast, justo una semana después del primero, y hoy llega cargado de noticias, además de un breve repaso sobre la vida de Steve Jobs en Apple y, finalizaremos con una entrevista al diseñador Oscar Mariné. Como novedad, en este episodio he querido incluir mi primer screencast sobre InDesign, que lo he subido a mi canal de youtube al que me gustaría que os suscribierais. Pido mucho, ya. No me enrollo más, que bastante rollo os suelto entre podcast y vídeo. Ante todo, disculpas a quien se dedica de una forma “más profesional” a ésto. Yo le pongo muchas ganas, pero las ganas no implica talento.
Para escuchar el podcast tenéis dos opciones. La primera, y más sencilla, es reproducirlo en goear. La segunda opción es a través de mi canal de itunes, en el que también podéis suscribiros para que tengáis Malpartida para rato. Os dejo el vídeo a continuación. Espero que os guste.



